Cuaderno de Paleta

Uso de la teoría del color en el maquillaje para fotos

Uso de la teoría del color en el maquillaje editorial para fotos

5500 K: ese número, que suena a ficha técnica de cámara, explica por qué un maquillaje editorial que en persona se ve vibrante puede salir grisáceo en la pantalla del celular. Es la temperatura de la luz de día estándar, la que los fotógrafos buscan y la que sirve de referencia para que el blanco se vea blanco; una lámpara de interior es mucho más cálida y naranja, así que lo que aprueba tu ojo bajo ella se ve deslavado en la foto. La teoría del color entra justo ahí, como herramienta de corrección de color para fotografía amateur: no para ponerte más producto, sino para decidir qué gota de qué tono necesita tu cara antes de que la mire el lente. Lo que sigue son las preguntas que me hago antes de cada sesión de fotos, con la respuesta que uso yo.

¿Por qué se ve vibrante en el espejo y sucio en la foto?

Por dos razones que se suman. La primera es la luz: entre una lámpara cálida y la luz de día hay una distancia que el ojo perdona y la cámara no. La segunda es el flash, que es más frío y tiende a resaltar los subtonos azules de la piel, justo donde una base mal elegida se delata.

Mi criterio práctico es no juzgar ningún tono frente al espejo. Me saco una foto de prueba con la luz más parecida a la de día que tenga a mano y decido con la pantalla, no con el reflejo. Si en el espejo me gusta y en la foto sale grisáceo, sospecho primero de la luz o de la cantidad de producto, y recién después del pigmento.

El círculo cromático de Newton sigue sirviendo sobre la piel

La teoría del color suena a cosa de pintores al óleo o de gente que estudió diseño, pero el círculo cromático original se remonta a 1666 y a Isaac Newton, y de ahí sale lo único que necesito para corregir en la cara. En las artes visuales básicas se manejan tres primarios, rojo, amarillo y azul (el modelo RYB), y el color que queda enfrente de otro en el círculo lo desvía en lugar de taparlo.

Mano sosteniendo un círculo cromático clásico con colores primarios, base de la teoría del color en el maquillaje editorial.

Por eso, si unas ojeras tienen ese tinte verdoso-azulado que dejan los lunes largos, más capas de base no son la salida. Lo que hace falta es el opuesto en el círculo. Es matemática visual, pero aplicada a una piel que respira y se mueve.

Corrección de color: qué neutraliza qué

Las ojeras con tinte verdoso-azulado piden un toque de naranja; las rojeces alrededor de la nariz piden verde; y una base que se te fue al naranja se equilibra con una gota mínima de pigmento azul en la mezcla. En los tres casos la palabra clave es desviar. No necesitas cubrir el color, necesitas moverlo hacia algo neutro.

Para lo último uso una paleta de mezcla de acero inoxidable, fría contra la palma y bastante más honesta que hacer pruebas directamente en la cara. Pongo una gota de base, le acerco una gota apenas visible de azul y mezclo hasta que el naranja se apaga. Lo que queda ya no es una máscara anaranjada; es mi piel, ajustada para el lente.

Paleta de acero inoxidable mezclando base de maquillaje con pigmento azul para la corrección de color de subtonos naranjas.

¿Cuánto opuesto es demasiado?

Bastante menos de lo que parece. Un corrector verde muy denso sobre unas rojeces no se ve como piel neutra en la foto: se ve como una mancha grisácea, parecida a un moretón en proceso de curación. El problema es la saturación. Con las pestañas me pasó la misma lógica del exceso, porque puse tres capas de máscara sin peinar entre una y otra y quedaron apelmazadas en grumos que en la cámara pesaban como una mancha oscura, no como mirada.

Con ojeras profundas, de las que deja una semana de cuadrar inventarios, dejé de apilar corrector beige, que termina cuarteándose bajo los ojos, y probé un toque de naranja puro. Muy poco, casi nada. La base encima quedó limpia incluso con flash directo.

Primer plano de la zona de la ojera con corrector naranja aplicado antes de la base, corrección de color pensada para fotos.

Cuando abrí las fotos que me saqué frente al Ascensor Reina Victoria, no encontré ninguna zona de ojos que pidiera retoque. En ojos marrones suma además un tono ligeramente azulado en el párpado inferior: por contraste complementario, el café se ve más cálido y profundo. Mi regla de salida es simple: si en la foto se nota el corrector, saco producto antes de cambiar de color.

Ajusta la mezcla según la luz que tengas

Con luz natural los colores se ven tal cual son, así que ahí mezclo con menos miedo. Con flash reviso primero la base, porque esa luz fría empuja hacia arriba lo azul. Y en Valparaíso hay un tercer factor: la luz rebota en el mar y trae un componente azulado fuerte, sobre todo en invierno, así que unas sombras muy frías me dejan con cara de cadáver editorial, pero sin el estilo.

La luz de la tarde también cambia el resultado. Entre las cuatro y las seis se va enfriando de a poco, de tibia a casi azulada, y un cobre que parecía dorado al principio se ve apagado hacia el final. Paulina Cisternas, del grupo de WhatsApp, es de las que te dicen de frente cuando un look no funciona por proporción, y con los tonos fríos muy cargados me lo dijo sin suavizar nada.

Todo esto es una guía, no una ley de hierro. A veces, para que un look de maquillaje editorial estilo etéreo para fotos de retrato funcione, hay que dejar que asome un poco del subtono natural, para no terminar con una pared de estuco en la cara.

¿Se puede romper la armonía a propósito?

Sí, pero con un solo punto. Los tutoriales suelen decir que si usas tonos cálidos en los ojos uses un labial cálido, y esa armonía en fotos a veces es aburrida: la cámara se duerme. Lo que hago es un look de ojos impecable en cobres, con un detalle mínimo en un color que moleste, como un punto de luz en lavanda frío.

Al probar un cut crease marcado estilo editorial en casa usé colores que, según el círculo tradicional, no combinaban. Fue la foto en que más rato se quedó mirando la gente, porque el cerebro intenta resolver la contradicción cromática. Es engañar al lente, pero con intención.

Maquillaje de ojos editorial con contraste de sombras cálidas cobrizas y un punto de luz lavanda frío, pensado para fotografía amateur.

La condición es una sola disonancia, del tamaño de un detalle, y todo lo demás coherente; si la foto se vuelve ruidosa, sobra un color. Celeste Arriagada, mi amiga del foro de maquillaje editorial, me manda siempre nombres de pigmentos lavanda que no se distribuyen en Chile continental y habría que importar. A mí me alcanza con lo que ya tengo, porque lo que trabaja en la imagen es el contraste, no la etiqueta.

No soy profesional ni recibo clientas: estos sábados de color son mi forma de mirar con un filtro más interesante que cualquier aplicación de celular. Cachái, todo se reduce a luz, un poquito de audacia y la gota justa de color.