Cuaderno de Paleta

Maquillaje editorial monocromático para resaltar tus facciones en fotos

Maquillaje editorial monocromático para resaltar tus facciones en fotos

El mismo rubí que uso en los labios se ve casi anaranjado en el párpado bajo la misma luz de la tarde. Ese desajuste es justo la razón por la que tanta gente abandona el maquillaje monocromático a la primera sombra, convencida de que un look editorial exige el producto idéntico de la boca a la ceja, y no es así, para nada.

Antes de seguir: este cuaderno lleva enlaces de afiliado, y si matriculai algún curso desde acá parte de lo que pagai vuelve como comisión para mí, sin que a ti te cueste un peso más. Lo digo de entrada porque prefiero que sepai desde la primera línea con qué reglas escribo esto, no al final, escondido entre los créditos.

El mito de que el maquillaje monocromático es un solo color de pies a cabeza

Hay una idea dando vueltas en los tutoriales de redes que dice que monocromático significa agarrar un labial y untarlo en todos lados — ojos, mejillas, boca — como si fuera pintura de un solo tarro. Técnicamente, un esquema monocromático en maquillaje editorial se define como el uso de una misma familia tonal1 en ojos, labios y mejillas para que el lente de la cámara lea armonía de inmediato, no como usar el producto exacto en cada zona. Esa distinción es la que separa un look editorial que funciona en fotos de uno que en pantalla se ve como una alergia mal disimulada.

Audrey Hepburn casi nunca se maquillaba monocromática, y tampoco apuntaba al glam de Hollywood más cargado en cada sesión; su estructura ósea quedaba resaltada por una lógica de luces y sombras que hoy llamaríamos editorial, y ese cruce entre estilos de época da para otro cuaderno — cada década tiene su propia gramática de color que no me voy a poner a desarmar acá. Tampoco es lo mismo que el maquillaje de diario: son categorías con objetivos distintos, y esa diferencia también la dejo para otra entrada.

Primer plano de sombras en crema y labiales en tonos rubí para maquillaje monocromático.

Un solo tono se ve plano en la foto

La respuesta corta es que la piel no es un papel de un solo color, y si usas el mismo acabado en todos lados el rostro se aplana bajo el flash o bajo el sol de la tarde. La clave está en variar la textura dentro de la misma familia tonal: un bálsamo con tinte en la boca, una sombra satinada en el centro del párpado, un rubor en crema que se funda con la piel. Esa mezcla de acabados es lo que evita que la cara se vea como una lámina recortada en la imagen. Hay quien prefiere ir más allá y humedece la sombra para un wet-shadow bien saturado en el párpado móvil, técnica que da para su propio análisis y no la voy a resumir mal acá.

En la zona de los ojos probé alguna vez cerrar el ala del delineado con cinta de papel, calculando el ángulo para que saliera igual en los dos lados, y me quedó torcida — un ojo con un ala larga y el otro casi recto, nada que ver entre sí. El ala del delineado, igual que el delineado flotante que se separa del párpado móvil, es su propio tema de práctica, no algo que se resuelve de pasada dentro de un esquema monocromático. Una lectora que me escribe desde Santiago, con los ojos bastante caídos hacia la sien, me preguntó una vez si el monocromático ayuda a disimular esa caída — y ahí entra justo el tema del ala del delineado, que es cuento aparte.

Texturas que evitan que el rostro se vea acartonado

Los tonos intensos y muy mate son los que más traicionan en cámara: acentúan cada línea de expresión, no importa la edad que tengas, y en pieles más maduras el efecto se nota todavía más. El estándar editorial suele pedir mates perfectos, pero en la vida real eso se ve acartonado casi siempre. Lo que a mí me funciona es apostar por fórmulas cremosas — el brillo natural de una crema actúa como iluminador orgánico, y prefiero que sea la piel la que brille, no una capa de escarcha encima. Hay quien lleva esto al extremo con un acabado de piel efecto mojado, mucho más intenso que lo que yo busco un sábado cualquiera, y esa es otra receta completa que no me corresponde detallar acá.

Antes de llegar a cualquiera de estos acabados hay todo un tema de preparación de piel pensado específicamente para cámara, que tampoco resuelvo en esta entrada. Con la boca pasa algo parecido: aplicar un rojo preciso, con el borde exacto que pide una foto de cerca, es una destreza aparte de todo lo demás que estoy contando hoy.

Brocha de maquillaje profesional con textura detallada después de ser utilizada.

Cómo decidir si el drapeado funciona antes de salir de la casa

Una técnica que uso seguido dentro de este esquema es el drapeado: llevar el rubor desde las mejillas hasta las sienes, conectándolo con la sombra de ojos para alargar visualmente el rostro sin cortes de color drásticos. Es parte de lo que en automaquillaje avanzado se trabaja como base, antes de meterse en terrenos más cinematográficos. El criterio que uso para saber si quedó bien es simple: me alejo del espejo un paso, entrecierro los ojos un segundo, y si distingo un borde duro entre mejilla y párpado, vuelvo a difuminar; si todo se lee como un solo degradado continuo, ahí quedó listo para la foto.

Hay una prima hermana de esta técnica, el contraste dentro del mismo monocromo que se usa en looks de cine negro, con más profundidad de sombra que de luz, y ese balance específico lo dejé para otra entrada porque merece espacio propio. Lo que sí puedo decir es que el maquillaje editorial prioriza la narrativa visual de la imagen por sobre la duración de doce horas que una busca para un matrimonio — son objetivos distintos y por eso las expectativas de aguante también cambian.

Si quieres profundizar en cómo estructurar el rostro antes de llegar a esta parte, ahí está la entrada sobre por qué usar la técnica de underpainting mejora mis looks editoriales, que explica ese paso previo con calma. Para ordenar estos criterios me sirvió el curso Maquíllate como artista de Hollywood, que tiene una calificación de 4.3 y arma los módulos como ejercicios de un look completo en vez de técnicas sueltas, algo que encaja con la lógica de practicar un sábado a la vez; ojo eso sí, porque la iluminación que usan ahí es de estudio, no la luz que entra por tu ventana a las cuatro de la tarde, así que hay que traducir un poco lo que muestran a lo que una tiene en su propio depto.

Lo que la hora dorada cambia y lo que no

La luz de mi ventana pasa de un tono cálido a uno casi azulado entre las cuatro y las seis de la tarde, y ese cambio por sí solo puede hacer que el mismo rubí se vea vivo en un momento y apagado quince minutos después — por eso reviso el tono en curso, no solo al principio. Todo el tema técnico de cómo trabajar con la luz de cámara y la hora dorada específicamente ya lo desarrollé en otra entrada, así que aquí solo lo dejo mencionado de pasada.

Isadora, la amiga con la que salgo a fotografiar los cerros, es súper meticulosa con el encuadre y prefiere que el maquillaje aguante bajo el sol de mediodía, no solo bajo esta luz suave de media tarde — así que a veces repito el mismo look dos veces en el día nada más para ver si sobrevive a ambas luces. Si el tema es cómo esculpir con luz y sombra en el rostro completo, ahí está cómo aplicar técnicas de iluminación de cine en mi maquillaje diario, que entra en ese detalle con más calma que lo que puedo dar acá.

Herramientas mínimas para un look editorial que aguante afuera

No hace falta un kit de mil piezas para sostener esto: con tres brochas bien elegidas y la yema de los dedos se arma la mayoría del look. La que más uso tiene la punta plana medio gastada de tanto lavarla, y ya sé por el tacto cuándo está seca y lista para difuminar sin arrastrar producto de más.

Celular preparado para capturar fotos de maquillaje editorial durante la hora dorada.

Trabajo esto en la pieza que arrendé en el cerro, con el espejo circular apoyado sobre un tocador viejo pintado de blanco que ya tiene manchas de sombra metidas en el marco, y un aro de luz que rescaté de segunda mano detrás del espejo para no depender solo del sol cuando la ventana se pone gris. Llevo cinco años metida en esto los sábados, y todavía hay tardes en que el tono no calza a la primera.

Hace un tiempo me saqué una selfie en el Paseo Yugoslavo, con la luz pegándome de lado, y ahí quedó claro que el degradado de párpado y boca se leía exactamente como la referencia que tenía guardada en el celular — no antes, frente al espejo del baño, sino ahí afuera, con luz de verdad. La forma del ojo también decide cuánto de este esquema conviene llevar hacia el pliegue; si estás recién partiendo con esto, cómo elegir entre siren eyes y doe eyes ayuda a soltar la mano antes de meterte en variantes como el pliegue dibujado estilo años sesenta, que es otro capítulo aparte.

Al final del sábado reviso la galería y el criterio sigue siendo el mismo: si las facciones resaltan por la coherencia del color y no por la cantidad de producto encima, quedó bien. Si te da curiosidad meterte en la estructura completa detrás de estos looks, el curso de Hollywood es un buen punto de partida para ordenar por dónde empezar.